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NATURCIENCIA

Agujero de la capa de ozono antártico se vuelve a abrir como nunca

Fue por ahí de 1913 cuando Charles Fabry y Henri Buisson, dos físicos franceses, descubrieran que nuestro planeta cuenta con una capa de ozono (ozonosfera), llamada así por contener la cantidad más alta de moléculas de ozono, compuestas por tres átomos de oxígeno.

Tiempo después descubrieron que esta capa de gases se ubicaba entre 15 y 50 kilómetros de altura sobre el nivel del mar y que esta era capaz de absorber hasta el 99% de radiación ultravioleta o rayos UV.

Pero no fue hasta la década de los 90s, que realmente la población común (no científicos) se diera cuenta de su existencia e importancia, esto luego de darse cuenta que la capa de ozono se estaba abriendo, dejando ver huecos del tamaño de un continente entero.

Los científicos fueron claros al hacerlo público, una capa de ozono dañada atraería problemas serios a toda criatura viviente sobre la superficie terrestre, para los humanos y otras criaturas, esto se podría traducir en daños a la salud.

Cataratas en los ojos, cáncer en la piel, debilitamiento del sistema inmune, son las afecciones más comunes del “futuro” que deparaban hace décadas para quienes estuvieran expuestos constantemente a los rayos del Sol.

Eso no es todo, plantas de cultivo para el consumo humano que fuesen sensibles a los rayos ultravioleta también sufrirían las consecuencias.

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Afortunadamente y con el paso del tiempo, los huecos en la capa de ozono más preocupantes se fueron regenerando, haciéndose más pequeños no sin antes crecer cada día.

Esto nos demostró que la capa de ozono no es estática, sino que tiende a crecer y luego disminuir, no sin el peligro de que vuelva a abrirse si no tomamos las medidas correspondientes.

 

Agujero en la capa de ozono en el Polo Sur es el más grande registrado en la última década

 

También en el Polo Norte encontramos un agujero en la capa de ozono aunque de menor tamaño, el cual desapareció por un momento en el primer trimestre del 2020 debido al descenso de actividades contaminantes por la pandemia, aseguran los expertos.

De hecho, se dice que las fluctuaciones del tamaño del agujero ya es un evento común dependiendo de las estaciones del año, y en el Polo Sur no es la excepción debido a los cambios de temperatura por la temporada.

Durante el invierto antártico, la disminución de la temperatura genera nubes de gran altura que se entremezclan con las sustancias contaminantes en el aire como el cloro y bromo, emisiones frecuentes de fábricas y otros sectores industriales, y causantes directos de la destrucción de la capa de ozono específicamente en esta área.

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Las nubes lanzan estos contaminantes muy alto hasta el ozono, generándole daños afortunadamente reversibles. Esto se notó en abril de 2020 con el aumento de la temperatura estratosférica que envió a los contaminantes a una menor altura, permitiendo que el agujero se cerrara por completo.

Pero como se mencionó antes, los agujeros en la capa de ozono no son estáticos y permanecen siempre cambiantes. Para octubre de este 2020, ya llegaban las noticias de que el agujero volvía a abrirse a mayor escala debido a los cambios de temperatura ocurridos en agosto y octubre, es decir, en medio del invierno en el hemisferio sur.

Para esta fecha, el agujero registraría su tamaño máximo, justa mente cuando el vórtice polar está más debilitado luego del verano, fechas donde también el ozono se vuelve más ralentizado. Afortunadamente para diciembre, la cantidad de ozono vuelve a regenerarse, según explican las teorías.

Por eso, cuando más estábamos tranquilos luego de recibir constantes noticias de que el hoyo estaba cerrándose, nos impacta la novedad con que ahora se a abierto de nuevo y con unas dimensiones que superan a los anteriores al menos en la última década.

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Fue el satélite Copernicus Sentinel-5P gestionado por la Agencia Espacial Europea, el que registró una actividad inusualmente menor en la recuperación de la capa de ozono en ese año, alcanzando un tamaño de 25 millones de kilómetros cuadrados para octubre.

Si bien, un tamaño similar se alcanzó en 2015 y luego en 2018, este agujero del  2020 fue superior por un par de millones de kilómetros cuadrados.

 

La capa de ozono antártico fluctúa de forma muy externa por estas razones

 

No solamente el cambio de temperatura provocada por el pasar de las estaciones del año son los causantes de este fenómeno, en Antártida también otros factores juegan un papel muy importante como los vientos tan especiales que ocurre en el polo, la latitud e incluso la rotación de nuestro planeta.

El vórtice polar, que es un área donde hay una presión muy baja acompañado con aire frío, muy parecido a un especie de ciclón que ocurre entre la troposfera y la estratosfera , crea una especie de barrera que evita que las latitudes polares y más cálidas se mezclen entre sí.

Es así como en invierno, los aires del vórtice quedan aislados permaneciendo en latitudes polares, las cuales provocan que el agujero en la capa de ozono se reduzca.

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Diego Loyola, encargado del Centro Aerosespacial Alemán, menciona que han observado que en agosto de este 2020, se registró una apertura en el ozono bastante crecido a comparación de años anteriores, básicamente abarcando el inmenso contienen Antártico.

Eso no es todo, también se registró que este agujero fue uno de los más profundos registrados, y que se generó un alto índice de valores de ozono según registró su instrumentaria de medición Tropomi.

Por otro lado, Claus Zehner, director de la misión del Copernicus Sentinel-5P, menciona que su aparato de medición de hecho se ha convertido en un elemento clave para poder controlar la aparición de agujeros, arrojando datos clave desde el espacio.

Esto es debido a que se anticipa monitoreando los fuertes vientos que ocurren en los polos, factor determinante para predecir la aparición de un agujero, dejando de lado otros métodos más sencillos y poco fiables para monitorear lo que ocurre en el ozono.

¿Qué sucederá en el futuro con nuestra capa de ozono? ¿Algún día desaparecerá?

 

Está más que clara la importancia de mantener nuestra capa de ozono en óptimas condiciones, y eso se sabe desde la década de los 80’s cuando una asociación de países se comprometieron a disminuir la cantidad de contaminantes y actividades humanas que las provoca.

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Fue así como se firmó el Protocolo de Montreal el 1987, donde también se prohibió el uso de clorofluorocarbonos (CFC) en procesos industriales que generen emisiones. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que la recuperación de la capa de ozono no se reflejará inmediatamente.

Se dice que, de seguir con las medidas adecuadas, podríamos verla finalmente restaurada hasta el 2050. Sin embargo, en 2019 incluso se notó una reducción histórica, adelantándose a los hechos.

Esto nos enseña que la fluctuación de tamaño del agujero es un fenómeno cíclico que seguirá ocurriendo dependiendo de los factores que la generen. Así que, incluso cuando se logre regenerar, no debemos de bajar la guardia.

¿Qué podemos hacer al respecto como habitantes del planeta? La regeneración de la capa de ozono no es solamente cuestión del sector industrial, también los ciudadanos del mundo deben poner su parte siento conscientes de lo que se consume.

Y aunque es inevitable muchas veces dejar a un lado el uso de automóviles o aires acondicionados, podemos dejar de usar productos con el químico CFC, un gas nocivo para la capa de ozono que podemos encontrar en aerosoles y en la industria de la refrigeración.

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A esta conclusión se llegó cuando, entre la década de los 70 y 80, se registró por primera vez un daño colosal a la capa de ozono por la utilización regular de este gas, y que de hecho, fue en esta época donde los agujeros ya presentes empezaron a salirse de control.

¿Dónde más encontramos el gas CFC? En aparatos de uso cotidiano como los aires acondicionados de automóviles, en el proceso de fabricación de burbujas de aire para embalar, láminas de espuma y bandejas desechables que comúnmente utilizamos para comprar carne fresca o contener nuestros alimentos para llevar.

También se utiliza en el proceso de formación de espumas blandas, como las utilizadas en almohadas, alfombras, asientos, cojines y aislantes para edificios. Otras sustancias químicas como disolventes de limpieza y limpiadores de metales que afortunadamente están desapareciendo de la industria.

Prácticamente debemos evitar en lo posible el uso de productos que conlleve en su fabricación o expulsión, elementos como el cloro, carbono y flúor, también llamados  hidrocarburos saturados.